Eran las 5.00h am cuándo ya estábamos en la furgoneta con otras 6 personas camino del cañón de coloca, era un camino largo hasta llegar así que aprovechamos para dormir un rato.

El cañón de colca es famoso no sólo por su maravillosas vistas sí no también por un famoso e imponente animal, el cóndor. Según los guías se ven bastantes, nosotros sinceramente vimos un par y los vimos tan lejos que precian palomas.
Después de una hora haciendo fotos y disfrutando de las vistas nos volvimos a montar en la furgoneta para dirigirnos hacia el inicio del trekking.

Al llegar serían las 8.00h de la mañana y pese que era temprano y estábamos a unos 4.160 metros de altura no hacía frío, de hecho hacía un sol de justicia y al empezar a caminar se empezó a notar.

El trekking consistía en bajar 1.000 metros de desnivel hasta llegar al oasis, pasar la noche y volver a subir. A ver esto lo escribo yo, Vero, así que empezaré diciendo a mí favor que cuándo contratamos el trekking preguntamos si asequible o no, la respuesta fue que había un poco de subida pero no mucha.

Vale, no olvidéis nunca que ellos quieren venderte hasta el paquete de chicles y evidentemente para mí no fue un poco de subida.

Empezamos a caminar, teníamos por delante unas 5h de trekking que cogimos con bastantes ganas. De primeras cuándo alguien te dice que vas hacer un trekking de 5h de bajada no crees que vaya a ser duro, pues bien hay bajadas que joroban más que las subidas, como esa.

Las primeras dos horas pues bien, se notaba como el mal de altura hacía mella en nosotros, pero aguantábamos. Después de esas dos horas yo entré en un bucle de aburrimiento, cansancio y cabreo a la vez. El paisaje era secano como el esparto, me dolían las piernas y las uñas... Y ¿el cabreo? pues eso, que estaba hasta las mismísimas narices. De hecho estaba destrozada, las uñas de los pies se me pusieron color azabache, y tenía un calor que me quemaban hasta las pestañas a todo esto Sergio animándome cual personal trainer.

Se hicieron largas las 5 horas, joder y tan largas que lo pienso y me vuelvo a cansar. Sólo diré que había un río abajo y yo cada vez lo veía más lejos. Finalizado el dramatismo llegamos al puente que cruzaba el río.

Cogimos aliento y digo cogimos por que aunque yo m queje mucho Don Sergio estaba destrozado, de hecho no coincidimos con nadie que dijera lo contrario.

Llegamos a la primera parada dónde íbamos a poder comer y descansar tumbados en una sombra. Aunque duró poco el descanso nos fue divinamente y después volvimos a coger las riendas hacia el oasis. Todavía quedaba una hora más con alguna subida y el calor apretando, pero lo peor ya había pasado.

Al llegar al oasis la sorpresa fue máxima porque los bungalows de las foto no eran ni cerca como en la realidad (una mierda), que a éstas alturas no nos íbamos a poner finos pero vaya, un poco de limpieza ni que fuera, agua caliente o luz.

Después de cenar nos fuimos a dormir ya que a las 5.00h de la mañana nos poníamos en marcha para subir los 1.000 metros de desnivel hasta llegar al final del trekking. Mientras cenábamos los guías ofrecían mulas para que nos subieran a la cima (pagando claro).

Nos levantamos cansados, aunque se agradecía caminar a esas horas, el fresco ayudaba a que fuera más llevadero. Una vez más nos parecía un trekking aburrido, subir en zig-zag sin vegetación o cambios de temperatura o paisaje, había piedras, piedras y más piedras.

Éramos bastante gente, había muchos que subían cómo la espuma, otros que aguantábamos como podíamos y luego los cuerpos sin vida que eran recogidos por las mulas. Voy a explicarlo, a partir de las 2h de trekking, momento estratégico evidentemente, los señores pastores empezaban a subir con mulas detrás al grito de; MULAAAAAAAAAAA para que los que subíamos a pie luchando por un poquito de oxígeno pagáramos unos 10 euros para subir en mula.

Pues oye resistí a la tentación, gracias a Sergio que iba detrás de mí achuchándome un poco más a cada kilómetro que subíamos. Cada kilómetro que avanzábamos se notaba la altura, respirabas y no entraba nada de oxígeno pero poco a poco y con paciencia llegamos hasta arriba a las 3h.

El último tramo nos llevaría hasta el pueblo dónde desayunaríamos y descansaríamos un buen rato. Al acabar nos subimos a la furgoneta que nos llevaría otra vez hasta el pueblo de Arequipa dónde pasaríamos la última noche, noche en la cuál dormimos como troncos.