Es difícil describir un gran día sin que para nadie mas lo sea. Para el resto del mundo ese lunes de fin de verano que incluso para muchos era el inicio nuevamente de su vida laboral era un día más. Para nosotros el 1 de Setiembre del 2015 seguro que nos quedará grabado para el resto de nuestra vida. Ese día por fin íbamos a cumplir nuestro sueño.

Días antes al gran día, hablando del tema, los dos nos autoconvenciamos, supongo, diciéndonos uno al otro que la espera no se había echo tan larga. Pero os puedo asegurar que eso básicamente debía de consistir en la típica estrategia del cuerpo humano para ser feliz, igual que olvida las tristezas olvida las largas esperas seguro.

No se porque todo el mundo, bueno no se si todo el mundo pero a mí me pasa, siempre que espero un día con ganas de que llegue, me imagino la noche de antes. Y os aseguro que esa noche igual que a Vero, he contrastado el estudio anterior con ella, nos ha pasado una y mil veces por la cabeza.

Los días antes al gran día, fueron días de despedidas, comidas, despedidas y más comidas. Y como no iba a ser menos, una madre ese día que su hijo se va 6 meses de casa lo señala en el calendario en rojo llamativo para acordarse que ese día tiene que preparar una cena que nada tenga que envidiar al día de nochebuena o navidad.

Y como no, así fue. Después de despedirnos de parte de mi familia, ya que la otra parte nos iba a llevar al aeropuerto, al día siguiente fuimos a cenar a casa de los padres de Vero para continuar con la tónica de días anteriores, comer y despedirnos.

Después de coger calorías para mínimo 3 meses i medio, fuimos a despedirnos por última vez de parte del grupo de amigos, y ahora si que si la última.

Al llegar a casa, teóricamente habíamos sido unos chicos buenos y precavidos con la preparación de todos los bártulos, pero en este caso la teórica no ganó. Entre una cosa y otra nos acostamos con pocas horas de sueños hasta que sonará la alarma, pero bueno no creo que los nervios y el gusanillo en el estomago nos hubiera dejado dormir mucho.

Poco después de acostarnos sonó la alarma, exactamente a las 05.25h de la mañana, ya que mi madre venia a buscarnos a las 06.00h para llevarnos al aeropuerto. No he visto a Vero levantándose tan rápido de la cama por la mañana en mi vida.

En nada ya est´qbamos montados en el coche rumbo al aeropuerto a ritmo de David Bisbal sonando en la radio.

Nunca he sido de lagrimílla fácil, pero reconozco que al despedirme de mi madre se me metió algo en el ojo y incluso se me callo alguna, pero bueno creo que conseguí hacerme el machote y nadie se enteró.

Durante estos meses ambos, Vero y yo, hemos tenido miles y miles de diálogos con nuestras respectivas madres sobretodo. Como cualquier madre inconscientemente les sale la postura de madre protectora, lógico y entendible. Pero bueno, por eso con los meses de diálogos hemos llegado al acuerdo de muchos skype a cambio del visado de madre para estos meses.

Poco después ya estábamos en el avión. Sinceramente, por mucho que piense me cuesta sacar algo bueno, bonito y interesante. Lo único que puedo sacar bueno de esas 16 horas de vuelo son las ganas de llegar a nuestra ciudad de inicio, Bangkok.

Después de un largo camino por fin tocamos tierra asiática, pero eso es otra cosa, eso es algo que contaremos en esta aventura, que sabemos que será complicado haceros sentir la mitad que sentiremos seguro nosotros, pero lo intentaremos.

Bangkok nos espera!

SAWADEE BANGKOK

 

 

 

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