Si, es posible.
No se como, pero casi sin querer, nos encontrábamos en un avión con destino Nueva York.


Tampoco se bien bien como comenzó a rondar en nuestras cabezas acabar nuestro viaje de 6 meses en la otra punta del mundo. Bueno, a lo mejor si. Si algo nos hemos dado cuenta en este viaje es que todo es posible. Absolutamente todo.
Así que sin saber muy bien como, la Ciudad de Nueva York apareció en nuestra aplicación de Skyscanner (esto no es propaganda es la realidad), mientras buscábamos nuestro billete de vuelta a casa, como uno de los destinos más económicos partiendo del aeropuerto de Bangkok.


- Nueva York? Te apetece ir a Nueva York?


Y así, sin salir de nuestro humilde presupuesto viajero, casi sin querer, aterrizábamos unas semanas después de comprar nuestro billete en la ciudad de las ciudades, Nueva York.
Después de casi 24 horas de vuelo y sin saber bien bien la hora que era, nos tocaba descifrar el e-mail recibido por Kate, la chica que nos cedería durante 10 días una habitación de su piso de estudiantes.
Así que decididos bajamos del avión y seguimos a la multitud que se dirigía al punto de inmigración del aeropuerto JFK.
Pasaporte, huellas, foto y listo.
Es difícil describir la sensación de cambiar de una punta del mundo a otra, dónde todo, absolutamente todo es diferente.
El primer recuerdo que tengo al pisar Bangkok hace ya casi 6 meses es el olor. Ese olor que la primera vez que entra por tus fosas nasales es como si una parte del lugar entrara dentro de ti.
Y esta vez con Nueva York tuve una sensación muy parecida, no por el olor sino el entorno, esa sensación de teletransportarte a una película de acción americana que hace que la llegada a un continente diferente al tuyo no pase desapercibido.
Hay que decir que ni Vero ni yo hemos sido nunca muy metropolitas, así que posiblemente nuestra opinión y visión de NY no tenga nada que ver con la tuya, amante de las ciudades.
La tarjeta de presentación de NY son esos rascacielos tamaňo XL, igual que las hamburguesas y cocacolas del Mcdonal's o Burger King que los americanos comen y beben a todas horas.


Si algo nos ha echo ver NY es que no solo la naturaleza en ocasiones te hace sentir muy pequeño, si no que el ser humano también es capaz de crear cosas espectaculares y lograrlo.
En la gran ciudad pudimos conocer el significado de la palabra contraste. No solo por todo nuestro alrededor, si no por sufrir unas de las olas de frío más importantes que se recuerdan en la gran manzana.


Intentamos ser previsores y en Tailandia hicimos aquello que en series como Sexo en Nueva York (que viene muy al caso) llaman como compras compulsivas, pero a lo barato.
Aún así, creo que fue imposible evitar congelarte, a no ser que fueras un esquimal o en su defecto un pinguino. 
Con el paso de los días eramos dos New Yorquinos más. Salíamos de "nuestro" apartamento de Brooklyn intentando aparentar que íbamos al metro con dirección a nuestra oficina en Wall Street, aunque creo que la falta de maletín y corbata en nuestra indumentaria nos delataba.
Nueva York, ciudad de la oportunidad, esta plagada de gente hispana, creo que tanta que el inglés pasa a ser una lengua secundaria. Así que me sentía en mi salsa, después de estar 6 meses sin escuchar casi castellano y chapurrear inglés por todo el sudeste asiático pedir un donut con un "Por favor", me resultaba una maravilla. Que tontería verdad? Pues es cierto.


Sarah, nuestra compañera de piso en Nueva York, nos asesoró de los barrios y locales de moda Nueva York. Como a los locales de moda no íbamos con el uniforme adecuado para entrar con el glamour que pertoca, nos dedicamos a patear todos y cada uno de los barrios o distritos de Nueva York.
No voy a decir que la ciudad de Nueva York no me gusta, porque estaría mintiendo. Pero si es cierto que echábamos de menos Asia. No se porque pero caminar por la calle siendo un ciudadano más nos resultaba monótono y común.


Echaba de menos esos saludos en el idioma del país con una enorme sonrisa entre ambos, ese interés de la gente local por saber más de ti o incluso esa atención y ayuda que te ofrecían cuando te veían intentando situarte en un mapa que ni Colón sabia entender.
Es raro, pero esa atención de la gente local que en ocasiones te había resultado pesada, se había cambiado en gente paseando por la 5av. con bolsas llenas de ropa impagable y caminando mirando su teléfono móvil sin fijarse en nada más.
Para que vamos a engañarnos, nosotros en Barcelona eramos y somos iguales, pero creo que no nos habíamos dado cuenta hasta ahora.
No nos habíamos dado cuenta que con 4 camisetas y 3 pantalones se puede vivir, se puede vivir con un móvil destartalado sin datos y se puede vivir teniendo poco pero viviendo mucho.
Posiblemente, de aquí un mes cuándo nos hayamos instalado de nuevo en casa y hayamos comenzado a trabajar, este virus que vimos en Nueva york nos contagie a nosotros de nuevo.

Aventuras Vividas